Mis pies

 

Mis pies son los cimientos de mi alma andariega.

Ellos me llevan, me traen, me sostienen; me recuerdan que aún queda mucho por andar.

Mis pies han vagabundeado por mil caminos. Han trepado a los árboles, han saltado de piedra en piedra, han huido del miedo y también han corrido al encuentro de los abrazos.

Mis pies tienen música en cada dedo. Han bailado mucho, llevando el ritmo junto a otros pies; pero también han danzado solos, libres, soñando con huellas inexploradas.

Mis pies se han puesto de puntillas para recibir el primer beso, y también para no perturbar el sueño de mis amores.

Mis pies me han ayudado a patearles el trasero a las frustraciones y a los inevitables reveses de la vida.

Mis pies han dejado huellas imborrables, incluso en otros pies…

Amo mis pies. Ellos mantienen mi equilibrio cuando las emociones intentan desequilibrarme. Acompañan mis triunfos y me impulsan en los fracasos.

—No te detengas, sigamos caminando. Un paso, dos, tres… Sigue, que la vida es movimiento.

Eso dicen mis pies, aun cuando se sienten cansados y doloridos.

Mis pies no se rinden.

Y yo tampoco.