Este blog es un espacio en construcción, como la escritura misma: inestable, movedizo y a veces incómodo.
También será un lugar de diálogo. La escritura suele ser un acto solitario, pero la literatura no existe sin lectores. Este blog aspira a tender ese puente: dejar aquí mis pensamientos, intuiciones, hallazgos y tropiezos.
Cuando escribo lo hago para abrir un espacio donde provocar sensaciones: una pausa, una emoción, algo que se mueve por dentro mientras se lee. El texto debe funcionar como un lugar de encuentro, donde cada lector pueda entrar con lo suyo, sin indicaciones ni conclusiones impuestas.
Me interesa incomodar con suavidad, acompañar sin prometer finales felices y dejar preguntas abiertas. Como sucede en “Pan quemado”, no intento embellecer la caída de mis personajes, sino que invito al lector a observar el proceso de «quemarse» para entender cómo volver a empezar.
Este es el primer paso.
Si te sentiste cómodo leyendo, estás invitado a volver.
Seguiré dejando aquí palabras, escenas y reflexiones para quien quiera leerlas.

