
Siento las articulaciones de mis manos rompiendo filas.
Ellas no firman acuerdos con el tiempo.
Ellas siguen.
Son trinchera y resistencia.
Mis manos son el territorio donde vive la memoria de otras manos.
No niegan las heridas: las reordenan.
Mis manos conocen el vértigo de los amores sin barandas.
Saben cómo construir refugios y abrazar ausencias.
Hoy mis manos se cierran sobre la pluma, golpean las teclas,
y escriben para que el tiempo no curve los recuerdos.
Mis manos preguntan, mis manos añoran.
Mis manos todavía esperan.
¿Qué esperan mis manos?
